miércoles, 23 de febrero de 2011

Los leones devoradores de hombres de Tsavo


Desde la antigüedad hasta nuestros días, normalmente han sido los seres humanos los que han perpetrado grandes matanzas dentro del reino animal. Desde la matanza anual de delfines calderones en las Islas Feroe hasta las brutales cacerías de focas en en el norte de Canadá. La humanidad a llevado a algunas especies incluso al borde de la extinción con estas prácticas. Pero excepcionalmente han sido los propios animales los que han hecho una verdadera cacería de humanos. Los tres casos prototípicos son el de los leones “devoradores de hombres” de Tsavo en Kenya en 1929. El segundo es la masacre del USS Indianápolis realizada por tiburones, una de las dos que se producen en la Segunda Guerra Mundial. Siendo la otra la que se produjo durante la Batalla de la Isla Ramree en Birmania esta vez por cocodrilos marinos.




 Los leones de Tsavo.

Este extraño caso se dió en 1898 en Kenia. Una de las prioridades del Imperio Británico era la construcción de la línea ferroviaria Mombasa - Kambala, llamada posteriormente "El expreso lunático", por la cantidad de problemas que hubo que sortear para terminarla. En marzo de 1898, el Coronel John Henry Patterson, ingeniero militar, fue seleccionado para diseñar y construir un puente que cruzara las aguas del río Tsavo, palabra que en el idioma autóctono de la zona, el kamba, precisamente significaba “lugar de matanza”. Durante la realización de las obras aparecieron en escena una pareja de leones que se dedicaron a sembrar el pánico entre los trabajadores. Algunos de ellos fueron sorprendidos en sus propias tiendas en plena noche para ser devorados, otros fueron atacados a plena luz del día mientras realizaban las tareas de construcción.

El misterio comenzó de inmediato, la pareja de leones no actuaba conforme al comportamiento habitual de estos felinos. Generalmente un macho se rodea de cuatro o cinco hembras para aparearse y ocupar un territorio de caza más o menos extenso y los ataques a humanos eran bastante esporádicos. Pero estos eran diferentes y su comportamiento completamente anómalo. Estos dos machos jóvenes  pronto incluyeron a los humanos en su dieta. Las características morfológicas de ambos felinos eran muy diferentes a las de sus congéneres de la zona. Su mayor tamaño y la carencia de melena hace suponer que eran de una raza descendiente de leones cavernarios y no de la sabana como era lo lógico. Los leones fueron bautizados como Ghost (fantasma) y Darkness (oscuridad). Se construyeron trampas, alambradas de espino y otras barreras de protección que a la postre fueron inútiles para frenar la letal sed de sangre de esta mortífera pareja. El pánico se apoderó de los trabajadores, muchos de ellos huyeron abandonando sus puestos de trabajo, con la idea en sus mentes de que ambos leones eran la reencarnación de dos guerreros de la mitología de la etnia local Taita. Patterson, presionado para cumplir los plazos de la construcción, se vió obligado a tomar cartas en el asunto. La persecución de las bestias se convirtió prácticamente en una obsesión para él. Construyó plataformas elevadas para poderles disparar con rifles. Se encaramó en árboles para intentar abatir las béstias. Pero a pesar de esto los leones escapaban milagrosamente de las balas del británico. Su inteligencia y su comportamiento parecían sobrenaturales. Incluso el propio Patterson comenzó a creer que eran dos demonios malignos los que les estaban atacando. Hasta que al fin, pudo cazar a uno de los animales el 9 de diciembre de 1898, cuando ya se contabilizaba la terrible cifra de 135 muertes. El felino tenía unas medidas realmente desproporcionadas, tres metros desde la cabeza hasta la punta de la cola así como unas fauces y unas garras realmente brutales. Tres semanas después Patterson logró abatir el segundo de estos animales, terminando así con la pesadilla que estaban viviendo desde hacía meses.

Hoy en día y tras las últimas investigaciones, se cree que debido a la gran afluencia de caravanas swahili, que dejaban a sus fallecidos sin enterrar, y las tribus locales, que tampoco solían enterrar a sus difuntos sino dejarlos a merced de los carroñeros, se generaba una gran cantidad de restos humanos que rápidamente se integraron en su dieta alimentícia. Otros estudios recientes, basados en el análisis de isótopos y de muestras de pelo y hueso de ambos animales, han servido para analizar su dieta y sugieren que el número de víctimas fue menor al que en un principio Patterson se refería en sus anotaciones y se calcula que pudieron ser alrededor de 35 o 40, aunque otros investigadores mantienen que no se ha contabilizado gran cantidad de ataques que se realizaron por el simple mero hecho de matar, solo para mostrar su poder territorial, sin proceder a devorar a su presa. Algo que sigue sin tener explicación es el gran tamaño de ambos felinos para unos ejemplares de su edad así como la carencia de melena. Ambos ejemplares se pueden admirar en el museo Field de Chicago.




El Octavo Pasajero